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Los Millennials o la generación Y (nacidos entre los años 1985 y 1994) son los encargados de marcar las tendencias en el sector de las nuevas tecnologías. Sus ideas, sus maneras de actuar y su forma de comunicarse hacen que la mayoría de servicios tradicionales, como el sector financiero, tengan que adaptarse a los nuevos tiempos. Renovarse o morir.

El presente y el futuro es móvil, y los bancos deben plantearse si tienen sentido sus sucursales físicas para cubrir las necesidades de los Millennials. Hoy en día son muy pocos los que acuden a un sucursal bancaria para conocer el estado de sus finanzas. Prefieren consultarlo con su smartphone mientras se desplazan por la ciudad.

Estas afirmaciones se sostienen con los datos del reciente estudio publicado por Gemalto, fabricante de SIMs y proveedor internacional de soluciones móviles para el sector financiero. Sólo un 3% de los Millennials no tiene smartphone. El 92% dispone de móvil, un 42% tiene tablet y un 38% tiene los dos dispositivos. Además, un 70% está conectado durante más de dos horas al día y un 37,7% lo hace durante más de cinco horas.

Si nos centramos en los datos específicos del estudio sobre el sector financiero, un 27% de los encuestados aseguran que nunca han ido a una sucursal bancaria. Prefieren los servicios online. Un 62% aseguran que utilizan, mínimo una vez al mes, un servicio de banca online a través de su smartphone o tablet. Unos datos que hablan por sí solos.

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Pero ¿qué les mueve a ignorar un servicio tan tradicional como es acudir a un banco? Consideran que a través de su smartphone pueden tener más control de sus finanzas. Se sienten con más poder y más independientes. Son nativos digitales y sólo conciben su mundo a través de sus smartphones. Si no es móvil, no es banco.

Además, todo el proceso tiene que ser muy sencillo y necesitan tener a mano los mismos servicios que tendrían si visitaran una sucursal física. Están acostumbrados a navegar por Internet, colgar fotos en Instagram, hacer tweets de una manera muy sencilla e intuitiva. Según el estudio de Gemalto, si las aplicaciones financieras no son buenas o su banco no dispone de una de ellas, son capaces de cambiar de banco. Con los millennials no se juega.