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La pandemia de la (des)conexión

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Cuando la pandemia del COVID-19 confinaba en sus casas al mundo entero, la conectividad a internet nos permitía seguir adelante con nuestras tareas y rutinas diarias con una cierta normalidad. Los estudiantes seguían con sus clases a distancia, los trabajadores organizaban su particular oficina en casa y las fiestas y los encuentros se realizaban a través de una pantalla.

Pero, ¿qué pasó con todas aquellas familias que no disponían de conexión a internet o de dispositivos que les facilitaran esa conexión? Según datos de la UNESCO, 826 millones de niños no tuvieron la misma suerte.

La brecha digital se ha disparado durante la pandemia. Y mientras medio mundo no consigue separarse de las pantallas y sufre los efectos de la hiperconectividad, la otra mitad sigue viviendo de forma completamente analógica.