Day One es más que un thriller tecnológico. A la intriga de Ulises Albet y Damian Diskin se suma, como una protagonista más, una Barcelona científico-tecnológica nunca antes vista en la ficción y una subtrama de debates que llevan al espectador a reflexionar sobre el uso ético de la tecnología.
Estos debates se abordaron en el último MWC26, con la conversación celebrada en el stand de MWCapital entre Josep Maria Ganyet, CEO de Mortensen; Liliana Arroyo, profesora de Esade, y el periodista de El Periódico especializado en tecnología, Carles Planas. En esta mesa de debate, los expertos identificaron cinco grandes debates presentes en Day One y que interpelan directamente a la sociedad.
Concentración del Poder
Damian Diskin se presenta en la serie como un gran empresario y gurú tecnológico que tiene entre manos una gran innovación con potencial para transformar e intervenir en la vida de las personas. En la apertura del debate, Planas apuntaba a un contexto actual de «concentración de poder en cada vez más empresas» y un cambio decisivo en la geopolítica. «Hasta ahora, entendíamos las relaciones internacionales como una solución para evitar conflictos, pero este dogma se ha deshecho: vimos como Rusia instrumentalizó la dependencia de la Unión Europea del gas y de la energía como arma de presión después de invadir Ucrania», citaba como ejemplo.
En este contexto, Ganyet recordaba que «la tecnología siempre ha sido sinónimo de poder. Quien tiene la tecnología más avanzada, somete al resto». Arroyo, por su parte, aportaba una mirada complementaria: «Cuando nos pensábamos que la globalización aportaría más reciprocidad y más horizontalidad, lo que ha aportado es un mercado mucho mayor donde el que gana, gana más, donde el que domina, domina más y, por tanto, el arquitecto de la tecnología es el arquitecto de la cohesión o la descohesión social»
Dependencia tecnológica
Durante el debate, Ganyet también advertía de que la digitalización puede generar «dependencias y desequilibrios que condicionan la soberanía de los territorios y de las personas». Un dilema, como el de la dependencia tecnológica y la soberanía de los territorios, también presente en la serie. El experto ilustraba esta dependencia con un ejemplo:
«Si hay un conflicto con los Estados Unidos lo sabréis antes de que salga en las noticias porque el GPS dejará de funcionar, porque es una tecnología militar norteamericana».

Responsabilidad, desarrollo tecnológico y regulación
Arroyo apuntó a un tercer dilema, como es la responsabilidad en el desarrollo tecnológico. Arroyo apeló a crear espacios de reflexión donde no pensar en ganadores y perdedores, sino «en los diferentes roles para domesticar la tecnología: Hace falta alguien que innove, alguien que abarate los costes y alguien que luego pueda poner esa regulación», con la voluntad de acortar cada vez más la brecha entre el momento de innovar y el de regular, y con una gobernabilidad global.
Ganyet señaló que innovar y regular no son conceptos confrontados, y que el sector público es clave para marcar el camino: «Hay una responsabilidad de las administraciones, no sólo de inversión sino de predicar con el ejemplo, porque las administraciones son las empresas más grandes de cada país». También apeló a la responsabilidad de cada persona a la hora de escoger las herramientas tecnológicas que usa.
Privacidad y el uso de los datos
El cuarto dilema es el de la privacidad y el uso de los datos. En la moderación, Planas destacaba que se trata de uno de los grandes debates actuales, vinculado a la recogida y gestión de la información personal, y con condicionantes como la comodidad y la seguridad. Arroyo lo sintetizaba con una idea clave:

«Hay esta disonancia cognitiva entre: tengo la paranoia de que es muy importante que preserve mis datos, pero como en la práctica me es difícil encontrar formas factibles y cotidianas de hacerlo efectivo, me acabo rindiendo por la conveniencia y por la complejidad de ello”
Identidad e impacto social
El quinto y último dilema hace referencia a la identidad y el impacto social de la tecnología. Planas preguntó
«A dónde va la pedagogía en un mundo en el que la IA acaba transformando nuestra visión del mundo y de cómo nos entendemos a nosotros mismos como humanos«.

Arroyo defendió «codiseñar juntos» entre jóvenes y adultos para mejorar lo que han hecho las generaciones anteriores.
En conjunto, el debate evidencia que los dilemas planteados por Day One no son especulativos, sino plenamente actuales. En un contexto de cambio acelerado, la clave no es sólo innovar, sino hacerlo con criterios éticos que garanticen un equilibrio entre progreso, derechos y bienestar colectivo.
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