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¿Tenemos una verdadera educación online?

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  • La educación debe adaptarse a los cambios sociales y tecnológicos, dejando atrás modelos obsoletos y acogiendo nuevos métodos de aprendizaje.
  • Los estudiantes del futuro deben convertirse en seres únicos, capaces de aportar un valor añadido y los docentes ya no pueden decidir si adaptarse y desarrollar sus competencias digitales; ahora deben hacerlo

 

Las TIC en el mundo educativo 

 

Durante los primeros meses de confinamiento los estudiantes se vieron inmersos en un inesperado giro que cambió por completo sus hábitos y costumbres. Lo que antes conocían como rutina en sus pupitres se convirtió en una pantalla desde casa, muchas novedades y obstáculos desconocidos.

 

¿Pero está en una buena fase de digitalización la educación a nivel global?

 

Muchos aseguran que el COVID fue el catalizador necesario para acelerar unas necesidades que eran evidentes y se habían apuntado en numerosas ocasiones, pero la realidad demuestra que todavía queda mucho camino por andar. Una parte del cambio se produce también por las posibilidades que ofrece la educación online y, de hecho, algunos centros universitarios ya comienzan a implementar el sistema de aprendizaje y formación online de forma progresiva por las ventajas que aporta: reducción de distancias geográficas, uso efectivo del tiempo, calidad formativa permanente y actualizada, etc. Pero no nos equivoquemos, lo que se vivió durante el primer confinamiento a nivel educativo no fue una verdadera educación online.

 

Nuevo paradigma, más personalizado y flexible 

 

La educación, como todas las demás instituciones, tiene que adaptarse a los cambios sociales y tecnológicos, dejando atrás modelos obsoletos y acogiendo nuevos métodos de aprendizaje aplicando las nuevas herramientas disponibles.

 

Como parte de la transformación que se plantea, parece asumido que la clase magistral desaparecerá y que el aprendizaje será más personalizado aceptando velocidades diferentes para cada estudiante, así como metodologías y currículos más específicos. Sin embargo, también se asume que ese aprendizaje será permanente y que probablemente será más caro.

 

Andreas Schleicher, Director de Educación y Habilidades en la OCDE, asume que deberíamos estar educando a los estudiantes para afrontar el presente y futuro e integrar la tecnología en el continuo aprendizaje, «el problema es que tenemos estudiantes del siglo XXI, maestros del siglo XX y escuelas diseñadas para el siglo XIX». Por ello, el primer cambio es primar las habilidades personales y la experiencia (prácticas) frente al saber académico o la memoria. ¿Por qué? Fácil. El saber en los tiempos que corren está ahí, en la nube o, dicho de otra manera; Internet será y de facto ya es, la principal fuente de conocimiento.

 

Por su parte, Pam Fredman, presidenta de la Asociación Internacional de Universidades de Suecia, considera que “necesitamos un fuerte liderazgo de profesionales que sean tan competentes en tecnología como en ciencias sociales y humanas”. Debemos entender que los estudiantes del futuro (y de hoy) deben convertirse en seres únicos, capaces de aportar un valor que los diferencie de las máquinas como los Soft Skills (hablar en público, trabajar en equipo, adaptabilidad, empatía, etc).

 

Nuevos roles para los maestros 

 

Si esos son algunos de los atributos del alumno que viene, es obvio que para que ellos puedan crecer como describíamos, también es necesario que sus profesores y maestros asuman unos nuevos roles y se actualicen a los tiempos y necesidades del hoy y del mañana, dejando de lado de una vez por todas, lo que requería el ayer. Ahora deberán entender su papel como facilitadores y orientadores, deberán ayudar a los estudiantes a ser críticos con la información, y especialmente cuando internet es el lugar de encuentro de tantos contenidos; fiables, pero también manipulados o interesados. Deberán ayudar a detectar las fuentes creíbles y confiables. Y también se coincide en apuntar que probablemente crecerán metodologías como el “flipped classroom”, mediante la cual es el alumno quien trabaja o investiga un tema que posteriormente expone en clase frente al resto de compañeros. Y todo ello, contando con su profesor para las labores de acompañamiento.

 

Dicho esto, los docentes ya no pueden decidir si adaptarse y desarrollar sus competencias digitales; ahora deben hacerlo. Su actualización en ese campo es imprescindible. Y no solo eso, nuevos docentes con conocimientos más ligados a los STEM deben ayudar a adquirir también esas habilidades. Como ejemplo, en la Cumbre sobre Educación en Ciencias de la Computación organizada por la Casa Blanca se anunció una nueva iniciativa que dará a todos los estudiantes norteamericanos, desde parvulario hasta secundaria, acceso a la formación en ciencias de la computación. Por otro lado, legisladores de varios países como EE.UU., Eslovenia, Finlandia, Singapur, Japón o Israel, apostaron por agregar una habilidad fundamental a las 3 más convencionales (escritura, lectura y aritmética): la programación.

 

¿Utopía o realidad? 

 

La tecnología juega un papel fundamental en el aprendizaje de los nuevos tiempos, tal y como concluyeron 645 expertos del mundo educativo entrevistados en una encuesta en 2015 que pretendía describir la educación en 2030. Por otro lado, la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (WISE) contó con 15.000 sabios en el tema, entre los que estaban el lingüista Noam Chomsky, la ministra australiana Julia Gillard o el profesor Sugata Mitra, y en todos los casos confirmaron que era necesaria una educación más flexible que contempla un nuevo rol para los profesores.

 

Así pues, las ventajas de la educación online es un tema importante de debate, especialmente en un momento que, como afirma Deborah Prentice, rectora de la Universidad de Princeton, es necesario pensar en términos de diversidad ya que los estudiantes de hoy demandan currículums globales con estudiantes de distintas procedencias y tradiciones culturales. Además, no debemos olvidar un detalle muy importante que se ha acentuado durante la pandemia y conlleva riesgos de exclusión de colectivos vulnerables: la brecha digital. Se trata de un complejo reto social que debemos afrontar como sociedad para no dejar a nadie atrás en este proceso de digitalización, sean niños o adultos.

 

Al contrario, algunos aclaran que el valor en la formación presencial es incuestionable ya que especialmente en niveles de educación inferiores, ya que la dependencia y atención que requiere es mucho más alta. Además, la experiencia del alumno no es completa sin un contacto físico con el docente.

 

Aunque la necesidad de un cambio y una transformación real en la educación es innegable, quedan abiertas muchas cuestiones relacionadas con cómo debe ser esta educación para adaptarse a un futuro rápidamente cambiante condicionado por las nuevas tecnologías.